We may have cancer and feel good, or be submitted to substantial disability and suffering without doctors finding any evidence of disease. Medicine gives no acceptable answers to the last situation and arbitrarily appeals to denying the reality of suffering, making the calvary of patients even more unbearable. This blog tries to contribute with the knowledge of the neuronal network, giving a little light to this confusing section of pathology.

Wednesday, July 21, 2010

Inside



We can divide the world in two enclosures: the outside of the skin and the inside of the skin (exterior and interior).


The classical senses in eyes, ears, nose, tongue and skin extract real time information of the external universe through light, mechanical, thermal and chemical sensors. The sensory data are processed in various layers of the neuronal network leading to the mysterious spectacle of perception, the process that gives meaning to the external matter-energy.

The outside-of-skin world is made of trees, birds, houses, people, clouds, cars, carrots, flames, spines, storms... The brain sorts the matter-energy in objects with meaning, endowed with relevance, which is variable depending on its context. It picks out the shape of the important on the background of the irrelevant and, with its filter, proposes  behaviour-interaction patterns (appetitive or aversive) with all the highlighted objects.

Cells live in the inside-of-skin world, individuals endowed with a membrane that divides the internal world in an outside-membrane and an inside-membrane world (extracellular and intracellular).

The outside-membrane world is analyzed in real time by all kinds of membrane sensors. There are no equivalents of the classic senses (eyes, ears...). We don’t see, hear, taste, touch or smell the bowels. For the individual the inside is opaque, sensorially unknown. It’s a black box. For the cells of the outside-membrane world it’s a universe so vibrant and meaningful as the individual’s outside-of-skin world. It’s full of objects endowed with meaning, relevance and emotional valence.

The Homo sapiens (ma non troppo) detests black boxes. It needs to fill it with objects and processes endowed with relevance and affection from its evaluative point of view.

The inside-of-skin world becomes an universe with lungs, hearts, stomachs, circulations, digestions, defenses, bones, muscles, nerves, joints, irons, cholesterols, elusive viruses, diseases, arthritis, migraines, strokes...

The individual can only imagine (wish-fear) events and internal states, their possibilities-probabilities.

The speculative brain of the sapiens (m.n.t.) shows on the conscious screen of the individual the result of its data process on the possible-probable state of the inside-of-skin world.

Usually this projection is a speculative theoretical purr, asymptomatic.

Sometimes the brain’s speculative-predictive process of internal states-events overflows the threshold of the purely theoretical to become an emotional state that fears that the theory could become real at that time-place.

The speculative theoretical purr becomes symptomatic, acquires a perceptive body as pain, dizziness, fatigue, hunger, thirst, cold, heat, anxiety, discouragement, indolence...

The brain projects for the individual his speculations on the black box of the inaccessible.

- It hurts...

- There is nothing wrong inside you. Everything’s normal...

The doctors apply their sensors (stethoscopes, analysis, radiographies, fluoroscopies ...) on the inside-of-skin world, on the black box. They feel, look, hear, smell and taste it with artificial sensors and don’t find any relevant objects-states or, what is worse, they find irrelevant states and give relevance to them...

The outside-of-skin and inside-of-skin worlds are full of pre and post-feelings, uncertain potentialities. The senses, natural and artificial, do not detect the past or the future, they are not activated by what was speculated.

Symptoms appear when the brain gives importance to the outside-of-skin and inside-of-skin objects-states.

Once the detectable pathological objects-states are discarded disease states it’s clear: the sufferer suffers the consecuences of a sensitized brain, trapped in the alarmist speculation of the theoretical possibility turned into imminent: what might happen is about to happen...

- There’s nothing wrong inside you. Alarmism should be lowered in the neuronal network. No one could live with a brain like that... The house is secure. We should convince security guards to let you live in it.

7 comments:

oceano_mar said...

Este asunto de la imagen corporal es fascinante. Nuestro cerebro perfila nuestro cuerpo en base a la información (más o menos) experta.

no es muy aventurado decir que el común ciudadano va haciéndose una idea de lo que es "por dentro" en base a capítulos de "saber vivir", a las consultas esporádicas con el "dr google" y la fundamentada opinión experta de la vecina de la escalera o el compañero de gimnasio sobre tal o cual enfermedad, que ya se sabe que de fútbol y medicina, aquí opinamos todos.

De toda esta información, ¿cuánta es alarmista? un porcentaje nada despreciable... ¿y los sanitarios, qué decimos? hablamos, a veces con demasiada alegría sin correspondencia con la clínica de discos que se salen, de cartílagos que se ulceran, de columnas torcidas, de vértebras o incluso vísceras que se descolocan... sin darnos cuenta de que estamos tocado en ocasiones la tecla del miedo a la necrosis en la parte consciente o inconsciente del individuo... y claro, de esos vientos... yo mismo durante años fui un enfermador profesional en este sentido, por pura ignorancia.

Gracias por la entrada. Es un tema importantísimo, fundamental, a veces yo creo que muy poco valorado, el de cómo la información configura la imagen interior y su relación con el dolor.

abrazos!

Arturo Goicoechea said...

Oceano mar: efectivamente se trata de una cuestión fundamental, la idea de interiores que vamos forjando socialmente con la cuota importantísima de responsabilidad de los profesionales.

No existe la no comunicación. Toda palabra presente o ausente lleva una carga dentro.

Gracias por las reflexiones, como siempre acertadas y vivamente expresadas.

Un abrazo

Jaime said...

Como padeciente es importante que los medicos, en los que confiamos, tengan respuestas, claras y entendibles...
El "no tiene usted nada", a veces suena a "no se que decirte, o aun peor, no se que recetarte..." Estamos acostumbrados a "no tener nada", o a tener enfermedades gravisimas, en el segundo caso, siempre se acompaña de radiografias, informes, conclusiones, corrillo de profesionales de la salud. Y entre medias hay un vacio de padecimientos, conjeturas e incertudumbres, que animan al resignado padeciente a automedicarse, o a inventarse las enfermedades... Otras veces el recetologo recurre a reumas, cervicales, acidez, y otros comodines, nos receta una de estas cada ocho horas, y nos deja tranquilos, padecientes y con un tema de conversacion para compartir con los amigos y vecinos.
Tendemos al alarmismo en general, sobre todo cuando no sabemos que pasa, si suena la alarma de casa, aunque no haya ladrones, pensamos que nos estan robando, no que se haya estropeado la alarma. Estoy de acuerdo en que la "ignorancia" bien entendida es mucho mejor que el alarmismo por parte de los pacientes, y que los profesionales deberian de saber como funcionamos las personas, antes de aventurarse a contar cosas que nos pueden dar herramientas para construir nuestra enfermedad a la carta...
En vuestro caso, la informacion es clara y razonada, no os quedais en el "no tienes nada", sino que "no tienes nada, pero funcionas como si lo tuvieras, es mas normal de lo que te crees,y este es el mecanismo..."
Espero que poco a poco cunda este ejemplo. Mi antiguo medico era de los que explicaba tranquilizando, y realmente me daba confianza y creia en él, la actual es una recetologa de las de " no tienes nada, pero tomate esto que va muy bien...", me confunde mas que otra cosa, con todo el respeto a la profesion.
Muchas gracias y salu2 a los 2

Elefante said...

A veces no resulta fácil decidir que información dar, y en que momento. A veces, lo que nos gustaría que el paciente entendiese, no es lo que quiere escuchar, y por tanto, no va a hacerlo. A veces no es el momento o simplemente no es la persona adecuada. Debemos ser capaces de adaptar la información a cada persona. No es tarea fácil, tan importante es lo que se dice como lo que se evita decir, una palabra, puede ser suficiente para tirar por tierra todo el discurso:
-mi cerebro-psicosomático-¿qué pasa que me lo estoy inventando?- ¿qué estoy loc@?.
Supongo que es una cuestión de entrenamiento por parte de los profesionales para elaborar el discurso apropiado para cada individuo.
Las etiquetas, por norma, condicionan al paciente en su rol de paciente, tenemos, en ocasiones, la difícil misión de desetiquetar. Recuerdo una paciente hace poco me hacía referencia a lo que le dijo el médico hace 20 años, simplemente observando una Rx simple lumbar:
- Uy, señora, esto ya no tiene remedio. Tendrá que aprender a vivir con dolor el resto de su vida.
A pesar de explicarle con bastante intensidad lo ridículo de dichas observaciones... resulta difícil descreer lo que le baticinó aquel médico, si lleva 20 años "acertando".

Las etiquetas son las causantes del dolor, se encargan de reforzarlo y retroalimentarlo, pero, seamos sínceros,los pacientes acuden para ser etiquetados,es practicamente una exigencia:
-pero, entonces ¿qué es lo que tengo? ¿cómo se llama eso?
El paciente quiere saber, quiere clasificar su dolor, catalogarlo y archivarlo en el sitio correspondiente, porque quiere saber, necesita saber,la incertidumbre, el miedo a no saber, el miedo a lo desconocido... Y si el médico dice que no tengo nada no me sirve, eso es que no lo saben, nadie da con lo que me pasa, cada vez me duele más.
A veces, y solo a veces, una etiqueta puede ser útil (¿o tal vez no?)
-ya, pero no es ético
-bueno, pero es práctico, y rápido...yo es que no tengo tiempo
-claro, claro, pero si todos le dedicaramos un poquito de tiempo y manejaramos la misma información, con el tiempo, poco a poco...
-si tu lo dices
Me permito este, mi primer comentario en el blog, al más estilo Arturo Goicoechea. Un verdadero placer leerle a diario
Felicidades por el blog

Arturo Goicoechea said...

elefante: agradezco la visita y las reflexiones que, entre otras prestaciones positivas, me ha dado pie a la entrada de hoy.

Saludos

arturo goicoechea said...

jaime: veo que sigues en la brega, luchando contra el alarmismo irracional. Quien la sigue, la consigue...

Espero que obtengas pronto las credenciales de convicción residencia organismo sano.

Saludos

Jaime said...

Efectivamente, Elefante, los padecientes siempre buscamos que le pongan nombre y apellidos a nuestros padecimientos, nos quedamos mas tranquilos, sabiendo como se llama eso que tenemos, que esta escrito en un libro que nuestro facultativo ha estudiado. Sobre el hecho de que cada persona es diferente, es asi, y supongo ardua la tarea de hacer llegar a cada individuo el mensaje, en virtud del tipo de padeciente que se tenga delante. Como muestra, aunque pueda sonar un poco exagerado, yo llegue a un punto en que cuando comenzaba a hablar con la persona que tenia delante para buscar un diagnostico, tenia una "carta de presentacion" tipo. Hola, me llamo Jaime, soy bastante aprensivo, creo que se me nota, (para que no me asustasen mas de lo que estoy) me dedico al mundo cientifico, asi que suelo entender las cosas bastante bien..." De este modo creia ahorrar el sondeo, y evitaba tambien que me metieran mas miedo en el cuerpo, aunque no lo he conseguido siempre.
Estoy de acuerdo que demandamos etiquetas para nuestros padecimientos, pero algunas personas vamos mas alla y queremos saber como funciona eso que tenemos, ya que la comprension es la unica manera de disipar las dudas.
Gracias tambien Arturo por los animos, sigo en la brega, nadie dijo que iba a ser facil, tengo un enemigo bastante fuerte, pero creo que lo podre vencer con las armas adecuadas.
De nuevo gracias a los dos